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Una pintura inteligente que atrapa el agua de la atmósfera

 

Mientras otras pinturas recurren a compuestos como el dióxido de titanio a modo de pigmento reflectante, el nuevo revestimiento se basa en el uso de PVDF-HFP, es decir, copolímero de fluoruro de vinilideno y hexafluoropropileno. El material ofrece una elevada porosidad para la generación de agua atmosférica (AWG, por sus siglas en inglés).

 

El equipo, liderado por la profesora Chiara Neto, afirma que el revestimiento refleja hasta el 97 % de la radiación solar, lo que reduce la temperatura del aire contiguo en hasta seis grados centígrados, incluso en presencia de luz solar directa. A su vez, este enfriamiento genera las condiciones adecuadas para la condensación del agua, que podría usarse para el consumo humano o para el riego de plantas.

 

El laboratorio ya está trabajando con una empresa para crear una pintura basada en agua que permita aplicarla por medio de rodillos o pistolas en tejados y fachadas. ¿La letra pequeña? Que los compuestos PVFD-HFP forman parte de la familia de los PFA o químicos eternos, unos compuestos que algunos países están planteando prohibir debido a que no se degradan en el medio ambiente.  

Los moluscos guardan el secreto de un hormigón más sostenible

Para generar este innovador material negativo en carbono, el equipo de investigadores comenzó por introducir electrodos en agua de mar y aplicar una corriente eléctrica de baja intensidad. Este estímulo provoca la ruptura de las moléculas de agua, lo que libera hidrógeno y genera iones hidróxido. Paralelamente, se inyecta CO₂ en el agua de mar. Esta combinación modifica la composición química del agua y potencia la concentración de iones bicarbonato.

 

Por último, estos iones hidróxido y bicarbonato reaccionan con otros iones disueltos presentes de forma natural en el agua de mar, como el calcio y el magnesio. El resultado es la formación de minerales sólidos, principalmente carbonato cálcico e hidróxido de magnesio. El primero actúa directamente como sumidero de carbono al fijarlo en su estructura, mientras que el segundo puede seguir capturando CO₂ mediante reacciones posteriores.

 

Según explican los investigadores, el proceso guarda ciertas similitudes con la estrategia que emplean corales y moluscos para formar sus conchas, en las que utilizan energía metabólica para transformar los iones disueltos en carbonato cálcico. Sin embargo, en este caso, el equipo ha sustituido esa energía biológica por electricidad y ha acelerado el proceso mediante la inyección de CO₂ para potenciar la mineralización.

 

Como ventaja añadida, en caso de utilizar energía renovable, el proceso genera hidrógeno verde como subproducto, un combustible limpio con múltiples aplicaciones en sectores como el transporte, la industria química o la generación de electricidad. Así, la tecnología propuesta contribuye a la reducción de emisiones y, a la vez, permite producir energía renovable.

Los edificios vivirán una segunda vida gracias al hormigón reciclado

Gran parte de la huella de carbono de la construcción es atribuible al hormigón, y más concretamente al acero y, sobre todo, el cemento del que está compuesto debido a que es intensivo en energía. Mientras se avanza en el desarrollo de hormigón verde, una de las claves podría ser el uso de cemento reciclado. Es el enfoque por el que han apostado los investigadores de la Universidad de Princeton en colaboración con la Universidad de São Paulo.

El equipo de investigación ha desarrollado un nuevo método para reutilizar cemento procedente de residuos de demolición. Mediante un proceso de activación térmica a 500 °C y una mezcla optimizada con pequeñas cantidades de cemento Portland o caliza, han conseguido un material que mantiene la resistencia y trabajabilidad del cemento convencional, pero con hasta un 40 % menos de emisiones de CO₂ por tonelada producida.

Este avance no solo reduce las emisiones, sino que también promueve un modelo de construcción más circular, reutilizando materiales de infraestructuras demolidas en nuevos proyectos urbanos. Sin embargo, para su implementación a gran escala, es necesario mejorar la clasificación de residuos de construcción. Y es ahí donde entra en juego otro proyecto reciente.

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